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Agonía de fuego,
Piedra inembrita y hierro,
130 x 60 x 20 cm 2004.




Agonía nocturna,2003.
Piedra inembrita y andesita.
100 x 50 x 20 cm




 

Poética y condicionamiento humano
en la obra escultórica y literaria
de Leonardo Villegas

En su obra encontramos una permanente preocupación por el condicionamiento humano contemporáneo y una constante reflexión sobre la sintaxis del icono artístico como primer paso conceptual por desarticular y articular su lenguaje.


Leonardo Villegas nos comenta:


La serie de esculturas "Agonías" consiste en una secuencia de figuras humanas hechas de pedazos, ensambladas a veces, mezclando materiales diferentes como piedra, metal o madera.

Son formas suspendidas o atravesadas con empalamientos en lajas de piedra o tablones de madera, los cuales, originalmente eran "puertas" pero poco a poco se han ido transfigurando en alas, como metáfora de muerte- vida, de lo efímero y lo constante.

Usé la "laja de piedra" por su solidez lapidaria, en su momento, cuando inicié esta serie de obras. Luego me inspiró de manera muy positiva las alas de las mariposas colepato y su forma quedó impresa en algunos volúmenes y espacios de mis esculturas.

A veces esas formas que llamo "puertas" también parecen pulmones o semejan sino, aquellas puertas móviles que se usaban en los bares.

Son fragmentos de formas como un todo que al traspasar como umbral nos trasforma.

También utilizo la instalación sobre mastabas de piedra donde la quietud es capturada en un silencio casi medieval, como un final místico que me remite a lo oculto tras un dolmen, un password, un triángulo, un arco del triunfo; a lo sublime de un insecto en el justo momento antes de despegar su vuelo; o simplemente, a la historia de un hombre colgado de cabeza como Pedro. El dintel, la piedra del templo.

Acerca de las fuentes en su obra:

Cuando abrimos el diccionario de imágenes que nos rodean para buscar en él los delgados hilos que enlazan la percepción poética. Así, encontramos que la imagen artística sintetiza metafóricamente la realidad humana en muchas formas. El entorno se convierte en el maremagno de fragmentos del cual se nutre el creador para articular su semántica de la forma y por ende, del espacio. Interviene además otro componente: el iconológico, que une este lenguaje plástico con la estructura psíquica, donde el ritmo es la dinámica común que enlaza y proyecta la forma poética. Es un determinante de cambio y de estructuras.

La unidad poética nace de la relación intuida entre la estructura como intención de la forma y su ordenamiento a través de significantes. El objeto artístico es un fenómeno complejo de abarcar, pues contiene esta telaraña de elementos antes citados en distintas conjugaciones y énfasis. De aquí que mi trabajo como artista se dedique solo a visualizar la dimensión de la imagen del empalamiento como condición humana, no necesariamente física, sino ontológica, como componente de cambio o entrabamiento, como forma y como solución espacial, como significante y significado. Donde procuro sustraer del entorno estos ingredientes sintácticos que son a su vez componentes expresivos de la forma poética.

Los componentes del entorno

Llamamos “fuente” a todo aquello que de alguna manera forma parte de la imagen. Es “Fragmento integral”. El entorno provee al artista del significante necesario para construir su lenguaje a través de fuentes. Como “entorno” entendemos no sólo el marco circunstancial de objetos que nos rodean físicamente, sino también aquellas cosas que nos influyen de una forma particular específica, que a su vez, conforman nuestra vivencia. Pero la vivencia, es algo más que la simple secuencia de acontecimientos importantes en nuestra vida. Es la interacción temporal de circunstancias influyentes que nos marcan en fragmentos particulares los énfasis de nuestras experiencias vividas más sensiblemente. Por esto, la secuencia es inválida ya que en la vivencia, las circunstancias temporales se entrecruzan para formar la experiencia sensible, de la cual sustraemos el fragmento de la fuente.

Los nuevos empalamientos de la cultura

El hombre actual se encuentra empalado de una forma similar como en el medio evo, ya no por maderos sino por circunstancias del entorno.

 

Recoge su propia imagen a partir de los fragmentos que discierne entre el maremagno de información adulterada. El afán tecnológico ha creado nuevos medios para globalizar al hombre. La comunicación a través de la televisión, la radio, la prensa escrita, es cosa del pasado si se ve el futuro desde la era de la computación como fenómeno mundial. La Red de enlaces vía Internet, es un nuevo espacio de expresión y de aprehensión sensible, cuyos efectos comenzamos a visualizar en las postrimerías del siglo XX e inicios del XXI. Es un espacio y por lo tanto, también un nuevo entorno. La ventana digital que nos comunica al mundo es también umbral de paso al cambio. Vemos con otros ojos el mundo, y aquellas concepciones concretas de forma se desvanecen ante el concepto virtual.

A manera de visión sinóptica podemos anotar que, el hombre actual goza de mayor influencia de entorno, aunque éste visto como espacio virtual envolvente, sea cada vez más abstracto. Con la era virtual, la percepción del espacio y del tiempo se modifica, y con esto nuestra visión actual de la realidad cede a nuevas apreciaciones. Hoy día nos referimos al estado fractal de los objetos constituidos por la sonoridad infinita de sus fragmentos. Estas concepciones de la forma sustraídas del mundo de la programación informática comienzan a tener validez en el objeto artístico, por cuanto la sonoridad de los fragmentos constituyen el ritmo estructural.

La concepción del hombre aislado en su medio se modifica con los hipervínculos establecidos en la red. Estos son formas infinitas de conexión entre personas, objetos, temas, etc. Con esto, el concepto de forma deberá transformarse y abrirse a la interconexión de partículas disímiles que compartan su sonoridad en un espacio abierto fractal .

Este aislamiento se modifica, más no desaparece. El hombre contemporáneo se sumerge en este espacio virtual, se conecta con el mundo externo a su ciudad, a su provincia, a su país. Pero también se desconecta por horas de su familia, de su trabajo, de su mundo íntimo. Esta es otra manera de aislarse, diferente a las de tiempos pretéritos.

En la actualidad se percibe esta situación como la “Era del nuevo Medioevo”. Donde gran cantidad de información existente es tal, que es imposible de encontrar. Se poseen los medios tecnológicos pero no la capacidad de aprehensión. De modo que vivimos en una etapa histórica donde el hombre se pierde en la búsqueda de verdades en un universo de información y que estas “verdades”, incluso, pueden no ser ciertas. Tal es el caso de miles de usuarios que penetran la red buscando información que al final resulta falsa o distorsionada. Se da el caso en investigaciones hechas basándose en datos sustraídos de Internet cuyos contenidos no son ciertos. La Internet tiende una máscara a los usuarios, donde cada uno puede ocultar su identidad, como ocurre con frecuencia en los llamados “ CHAT ”, que son núcleos de conversación interactiva, donde las personas se comunican con desconocidos e intercambian pensamientos. Donde el nombre y el género son sustituidos por un seudónimo que no se revela de inmediato y donde esa verdad se maneja a gusto. Así, la verdad vista como información cierta, está siendo manipulada y alterada como sucedió en el medio evo cuando se vivió el llamado oscurantismo, similar a la perdida actual de credibilidad de la verdad, entendida dentro marco de desinformación virtual que nos presentan como el futuro del mundo.

La perdida de contacto físico por el contacto virtual, el aislamiento aparente, la confusión entendida como distorsión de verdades, son nuevos ingredientes que se suman a la imagen actual del hombre.

A este resumen de circunstancias hay que agregar el concepto de espacio y forma fractal que se acerca más a la idea del humano fragmentado, que conocemos hoy por hombre contemporáneo.

No muy distante del concepto de castigo medieval encontramos también la imagen del empalamiento contemporáneo. Como forma represiva y condicionada de la vida humana. Con la diferencia de que hoy día este empalamiento se hace con tecnología de avanzada, con el manejo de información, con el despliegue engañoso publicitario, con el juego socio-económico coercitivo, con la actitud de consumo como reflejo de necesidades creadas.

El hombre actual se encuentra empalado, ya no por maderos sino por circunstancias del entorno. Recoge su propia imagen a partir de los fragmentos que discierne entre el maremagno de información adulterada. La unidad es una recolecta de ecos de sí mismo intrínsecos en los objetos que ha creado. La nueva máquina que revoluciona tecnológicamente su desarrollo a nivel mundial, es ya, una invención socializadora y por ende, su uso es capaz de transformar las estructuras de poder y de la Institución humana.

El ritmo de la vida contemporánea

El ruido urbano es la fragmentación intercultural de ritmos que unidos, conforman la estructura del nuevo objeto humano.

La música juvenil nos da una visión cercana de lo que sucede en la sociedad, hay un nuevo ritmo: lo entrecortado, la voz distorsionada, la melodía en fragmentos, el tiempo que se entrechoca, suciedad que se mezcla con el trasfondo sonoro. Hay ingredientes interculturales como el ensamble de sonidos árabes con sudamericanos y afro caribeños, entre otros. Empleo de instrumentos exóticos con tradicionales o innovaciones producidas a partir de ellos.

La aceleración es la norma. Sobran ejemplos de música antigua “reciclada” con ritmos contemporáneos. Y una instrumentalización muy cercana a los sonidos producidos por las máquinas industriales más que a los instrumentos clásicos.

Es un compendio de fragmentos que logran parte de su unidad en el ruido industrial y los sonidos producidos por sintetizadores computarizados. La mimesis del sonido natural que otrora hiciera posible la instrumentación clásica, es sustituida por el sonido del entorno urbano, compuesto por el bullicio de los automóviles, de la industria, de la informática. Es decir, del ritmo que mueve la sociedad actual.

Esta influencia, lejos de ser pasajera, entremezcla partes de cada circunstancia de la vida social y la recicla en sonidos a veces incluso monótonos, pero con un ritmo común y aceptable para esta humanidad. Cada vez más lo extraño es el sonido que imita la naturaleza, lo común, es el sonido que imita las creaciones del hombre. Sus ecos.

Estos ritmos definen estructuras dinámicas, y se convierten en elementos de fuente compositiva en la música como en las demás artes. El objeto artístico responde al concepto de ritmo, y se modifica en la estructuración de sus “fragmentos particulares”. Así las fuentes individuales, actúan como elemento regionalizador y establecen lenguajes contemporáneos a partir de la mezcla de lo autóctono con el ritmo dominante de la voluntad social.

Los bailes como el Sca, la música juvenil también tienen sus iconos y estos se dejan sentir en el arte como manifestación, a veces repugnante, de un entorno condicionado. El artista escapa al simbolismo social, al crear una obra que recicla el fragmento social y lo convierte en su propio ritmo, aunque siempre conserve “hipervínculos” de su origen contemporáneo.

La estructura de la obra se define en la aceptación interior de un ritmo, del cual se desprenden los esquemas de movimiento, su sonoridad y composición. Lo particular humano impone el criterio de selección de los fragmentos de las fuentes y a partir de allí, se construyen los significantes propios de cada artista.



Las puertas como posibilidad al cambio

La puerta es el hipervínculo social que redefine el espacio humano a partir de la necesidad de enlace. La protección como sentimiento humano presente, nos obliga ha erigir construcciones habitables, funcionales. Toda construcción humana se caracteriza por su posibilidad de penetración. La industria desarrolla instrumentos cada vez más capaces de construir cosas menos penetrables. Por ejemplo, la industria de la informática procura microchip cada vez más pequeños, cada vez menos espaciosos. La antigüedad se caracterizó por las construcciones colosales cuya medida no fue menor a la del ser humano. Con la era actual, la necesidad de espacio hace variar el concepto de las construcciones de los objetos humanos y con ello, la métrica de la forma se vuelve relativa a su capacidad y no al tamaño que ocupa en el espacio. Las necesidades humanas de construcción reducen sus espacios al mínimo para dar el máximo y la capacidad de penetración se disminuye a los espacios pequeños y fraccionados. Los programadores fraccionan el espacio virtual con puertas cada vez menos penetrables y así logran su objetivo de protección. Los edificios, las viviendas habitacionales, las oficinas, las bodegas, las máquinas, las herramientas, los objetos, se tornan micro e intra-espaciales. Es decir, que cada uno de ellos contiene espacios más pequeños y estos a su vez otros más pequeños.

 

El hombre desarrolla la vida en compartimientos espaciales donde las “puertas” son el enlace necesario entre estos espacios. Los edificios poseen pisos, los pisos apartamentos, los apartamentos oficinas, las oficinas cubículos, los cubículos archivos, los archivos contienen folders de documentos y los documentos son la información humana en compartimentos. Y estos compartimientos son el enlace con la vida.

Las “puertas” entendidas como punto de enlace son fuente integradora del quehacer humano. Antes de que se construyeran los primeros mobiliarios que el hombre usó para guardar cosas, existían ya las puertas. El hombre primitivo encontró protección en aquellos microespacios cerrados. Las cuevas tenían sus entradas y estas fueron las puertas intuitivas de la prehistoria.

Hay un fenómeno que viene unido a la fragilidad íntima que es el sentimiento de encierro. Hoy día podemos referirnos ampliamente sobre la necesidad de encerrarse, de aislar la intimidad del acoso del entorno. La transparencia social con que somos fácilmente analizados por nuestros contemporáneos nos hace sentir frágiles.

Las técnicas de investigación social nos hacen vulnerables y somos objeto codificado para estudio y manipulación. Dicen los investigadores judiciales, que la vida de un hombre se lee en sus códigos, especialmente los económicos, como sus cuentas, sus tarjetas de crédito, de allí desprenden información acerca de su ubicación, sus movimientos, sus propiedades, su vida social e íntima. Se puede cercar a un individuo peligroso gracias a los códigos empleados que definen su identidad, sus calidades, sus posesiones, sus actos. ...su vida. Así se vulnera lo individual a través de la corrupción de las puertas de enlace entre los compartimentos espaciales que el hombre define como íntimamente suyos.

El arte redefine su espacio a través de los enlaces entre las formas, creando nuevos vínculos de sustracción sensible de la realidad, donde lo íntimo rescata el carácter individual de la estructura compositiva sobre los signos fraccionados del entorno.

La construcción humana a partir de los fragmentos

El lenguaje se conforma de fragmentos que el hombre define como signos. El signo en el arte evoluciona a partir de la sustracción individual hasta convertirse en un lenguaje estético.

La fragmentación es una constante de la actividad humana. El lenguaje, los compartimientos, el conocimiento de las profesiones, etc., son ejemplos de la construcción del hombre contemporáneo a partir de fragmentos esenciales constitutivos.

El arte antiguo definía al hombre en un solo bloque. Hoy día en cambio, vemos al hombre fragmentado expresado incluso en el arte como desarticulación de lo corpóreo-material y tendiente hacia la estructuración abstracta de objetos disímiles integrados a través de ritmos fragmentados. Un hombre hecho de pedazos. De frases dislocadas, a veces yuxtapuestas, otras interactuando mediante espacios de compartimientos espaciales intra-extracorpóreos. Un arte que se comunica mediante hipervínculos de signos, cuyo significante es la sustracción trascendida de la realidad, cuyo significado es la intención reflejada en la estructura psíquica individual, que se proyecta sobre los enlaces que son producto de los compartimientos influyentes del entorno.

El hombre unísono, de un sólo bloque, como lo concebían los escultores pasados, cedió el paso al concepto de hombre construido a partir de fragmentos. Con compartimientos interiores íntimos, enlazados a través de las puertas psíquicas que lo definen como estructura dinámica y suceptible a la acción del entorno.

El concepto clásico de humanismo se contrapone al concepto del especialismo característico de nuestra era. Es lo clasificado en compartimientos humanos, el carácter avanzando, hacia el ensamble de los componentes “estándares” que constituyen la nueva imagen del hombre.

Entonces, podemos hablar convenientemente del hombre “modular”, de algunas partes reemplazables como sucede ya en la ciencia médica, de partes incluso no humanas.

Finalmente creo que el refugio del hombre está en los compartimientos íntimos. Estos se convierten en la parte esencial del icono humano".

 



Info@leonardovillegas.com      San José, Costa Rica 2006